¿Un día perdido en Miami?

¿Un día perdido en Miami?

Recuerdo el día cuando mi hijo volvió de la universidad de Miami (Ohio) habiendo tenido un encuentro con Jesús en los campos nevados de Ohio; un enero congelado cuando el Espíritu de Dios encendió su alma. Vino a casa deseando compartir el evangelio con todo el mundo. Luchaba para hacerlo, buscando la forma, el método, la valentía… cuando en oración Dios le indicó que lo que le faltaba era amor por el prójimo. Desde su niñez en España, su vida había estado llena de tenis, su novia, sus estudios, preocupado por sí mismo. Ahora, se dio cuenta de que lo que le faltaba no era método, ni contenido, ni valentía, sino amor. Empezó a clamar a Dios pidiendo que le diera amor. Con las palabras “De tal manera amó Dios al mundo” empieza Juan contándonos el inicio del plan redentor para el mundo. Dios empezó por amar. Cuando amas, ves a las personas de otra forma. El apóstol Pablo, sentía tan gran tristeza y dolor de corazón por los no creyentes que llegó a decir: “Desearía yo mismo ser anatema, separado de Cristo por amor a mis hermanos”. Es precisamente lo que Cristo hizo por nosotros. “El quién no conocía el pecado, se hizo pecado”. Por amor. Con amor.

Yo era un misionero malo. Tenía muchos estudios y ganas de trabajar, pero a mí también me faltaba amor. Otra cosa también, entre tantas cosas que me faltaba, y aún me falta, era el sometimiento a la soberanía y plan de Dios.

En Hechos, hablando en Atenas, una gran ciudad, intelectual, y religiosa, Pablo dijo a los sabios de Atenas: “De un solo hombre ha hecho toda raza de los hombres, para que habiten sobre toda la faz de la tierra. Él ha determinado de antemano el orden de los tiempos y límites de su habitación, para que busquen a Dios…”.

Entre otras cosas, el evangelismo es saber cómo estar y ver nuestro lugar en la historia y el día a día con otros ojos. Cuando entendí esto, empecé a ver al cajero, el médico, el vecino, el conductor, el jardinero y los jóvenes del barrio de otra manera. Personas que Dios, de antemano por su soberanía, había puesto en mi camino para conocer el evangelio. Él eligió a ese conductor del Uber y eligió ese momento y lugar para el plan redentor que tenía para él y para mí como portavoz.

Estamos actualmente en un viaje de negocios en Miami donde Dios me recordó de esto. Vine con Laura, mi mujer desde hace 42 años, para pasar unos días antes de participar en una conferencia. Ayer mismo había planeado ir a un rastrillo con Laura. ¿Quién va a Miami para conocer los rastrillos? Si conocieras a Laura, sabrías que sabe encontrar verdaderas joyas entre los desechos de los demás. Después, el plan “perfecto” era ir a una exposición de arte. ¡Pues ni rastrillo, ni arte! Nada más subir al Uber empezamos a charlar con el conductor, un cubano lleno de amargura por lo que había perdido por los marxistas que se apoderaron del país. Con tanta maldad no es difícil hablar del pecado y sobre el que vino a librarnos de nuestra naturaleza pecadora. El hombre nos dejó en el rastrillo, pero después de cinco minutos dando una vuelta nos dimos cuenta de que no había nada. Al poco tiempo nos montamos en otro Uber y tampoco encontramos la exposición de arte. ¿Día perdido? ¡Pues no, por la soberanía y plan redentor de Dios! En este último viaje perdido por Miami nos llevaba un venezolano con la misma historia. Lamentamos la injusticia y pena de haber perdido su negocio y ahora tener a su familia repartida por el mundo. Hablando con él, nos decía que esperaba ser mejor persona para merecer el amor de Dios. ¿Qué le hacía falta entregar más? “¡NO!” Le dijimos: ¡Cristo lo ha hecho todo! Lo que falta es aprovecharse de lo que él cumplió a favor nuestro”.  “Aun siendo pecadores, Cristo murió por nosotros”. Que no podíamos dar nada para merecer la vida eterna. Jesús fue quien “lo entregó todo”, “De tal manera amó Dios al mundo que DIO a su hijo”. Él fue quien dio su vida para rescatarnos. “Cristo murió por los pecados, el justo por los injustos, para llevarnos a él”. Las palabras salían en el momento sin haberlas preparado antes. Laura me agarró el brazo para pararme y dejar que respondiera. Dijo el hombre: “He estado confundido. Lo tengo al revés. Nunca lo había pensado de esa manera”.

Al volver al hotel… sin haber encontrado el rastrillo ni el museo de arte… cansados… un día en Miami dando vueltas en Uber, nos dimos cuenta de que Dios había “determinado de antemano el orden” de nuestro día y el lugar preciso en el GPS para encontrarnos con estos dos hombres que buscaban a Dios.

Carlos y Laura Aulie han sido misioneros en España por más de 15 años plantando iglesias en Madrid y Guadalajara con la misión Send Inter. 

José Luis y Matrix

José Luis y Matrix

Llevaba un año en mi nuevo trabajo en la enseñanza. Había sido mucho más duro y difícil de lo que me habría imaginado, y comenzaba un nuevo curso cargado de novedades e incertidumbres, cuando a finales del primer trimestre llegó la noticia: mi padre tenía cáncer. Nada más enterarnos, antes de salir del hospital, nos juntamos toda la familia y pusimos la situación a los pies de Dios. Nosotros no teníamos fuerzas ni capacidad para enfrentarnos a ese problema. Los siguientes meses los pasamos entre el hospital y casa (a 70km de distancia). Mi hermana acababa de tener otro bebé y no podía pasar tiempo en el hospital. Mi madre pasaba día y noche al lado de mi padre, y yo, que trabajaba justo al lado del hospital, me acercaba cada hueco libre que encontraba a hablar con los médicos o a acompañar a mis padres. Solía comer con mi madre y quedarme con ellos en la habitación hasta por la tarde, que venía mi hermana el rato que podía. A mitad de semana, con mucho esfuerzo, conseguíamos que mi madre se fuera a casa a intentar dormir algo o, por lo menos, salir un rato del hospital. Entonces yo me quedaba en la habitación por la noche con mi padre y por la mañana me iba a clase directamente desde allí. El fin de semana nos dejaban llevárnoslo a casa hasta la siguiente semana. Momentos duros que llegaron a acumularse hasta el punto de tener, durante varios días, a mi padre, mi madre, mi suegro y mi suegra hospitalizados todos a la vez. Muchas tardes mi mujer se hacía cargo de mis hijas y mis sobrinos para que mi hermana pudiera ir al hospital, y yo no llegaba hasta la hora de cenar… que iba seguida de preparación de clases para el día siguiente.

La oportunidad

Pasaron varios meses así, hasta que los médicos decidieron operar a mi padre. Ese día yo organicé todo para que los alumnos se fueran antes y yo pudiera ir al hospital. Mientras me preparaba para salir, surgió una conversación con mi compañero, recientemente contratado para dar clase en mi ciclo formativo. Habíamos estudiado la misma carrera, él en el curso anterior al mío, pero pasaba más tiempo con nosotros que con sus compañeros de curso. Yo le apreciaba y admiraba su trabajo y por eso, cuando surgió la oportunidad, le llamé para que se presentara a la plaza que se ofrecía en mi colegio. Él se sentía muy agradecido y me mostraba mucho respeto. Mientras hablaba con él, me llamó mi hermana para decirme que había surgido una urgencia y que ese día no operarían a mi padre. Por un lado, sentía que se estaba retrasando la posible solución, y por otro entendía perfectamente las necesidades que podía tener alguien que requería ser atendido antes que mi padre. También estaba ese falso alivio cuando se te plantea la idea de retrasar un poco aquello a lo que te da miedo enfrentarte. El caso es que decidí quedarme en el colegio hablando con mi compañero.

El riesgo

Reconozco que aunque comprendo la gran comisión de “ir y hacer discípulos” como algo de todos los seguidores de Cristo, yo no tengo esa facilidad para ser capaz de sacar el tema y hablar con las personas que hay a mi alrededor. Incluso cuando veo la necesidad, le pido a Dios que me lo ponga fácil, porque sé que de mí no va a salir. En este caso, ni había visto la necesidad, ni había orado al respecto cuando mi compañero sacó la conversación. Me comentó que había visto un reportaje en la televisión sobre cristianos evangélicos o protestantes y que, sabiendo que yo compartía esas creencias, pensó en preguntarme sobre ellas directamente a mí. Así surgió una conversación sin demasiada importancia que llegó, no sé cómo, al tema de la creación. Solo verme la cara me dijo algo así como: “¡No me vas a decir ahora que tú crees…!” En ese momento me di cuenta de que con lo que dijera a continuación podría perder su respeto de un plumazo. Entonces decidí rápidamente que si iba a arriesgarme en esa conversación, no iba a ser por demostrar tener razón, o por convencerle de la posibilidad de que el universo no se puede hacer solo, sin la participación de un Ser superior… Si me iba a jugar su respeto, su amistad o mi imagen para él a partir de ese momento, la apuesta debería ser más alta: su alma.

Matrix

Me acordé en ese momento de la película de Matrix. A los dos nos encantan los cómics y la ciencia ficción, y conocíamos bien esa película que había dejado una huella perdurable en el tiempo. En ella hay una escena en la que al protagonista, que lleva toda la vida buscando una respuesta, le ofrecen dos pastillas de diferente color. Si elige la azul, se levantará al día siguiente como si esa conversación hubiera sido un sueño y su vida continuará como siempre. Pero si se toma la roja, obtendrá la respuesta a la pregunta que le golpea la cabeza cada día: conseguirá la verdad que siempre ha buscado. Así que lancé un órdago: “Mira, si vamos a hablar de esto, que sea de algo que merezca la pena. ¿Recuerdas la escena de las pastillas de Matrix? Pues yo tengo dos pastillas: si eliges la azul, cambiamos de tema y continúas tu vida como hasta ahora. Pero si eliges la roja te contaré algo que puede cambiar tu vida hasta el punto de que nunca vuelva a ser igual.” “Elijo la roja”, me dijo. Creo que más por curiosidad que por otra razón. “Mira mi reloj, si te digo que se ha hecho solo, por mucho que te diga que ha sido a través de millones de años, no lo creerías. Muchísimo más complejo es el universo, el cerebro, o un ojo que puede ver. Solo pueden existir si hay una Inteligencia superior que los diseña. La llamamos Dios. Si existe como tal un Ser así… no se le puede comprar. Igual que al hombre más rico del mundo no le puedes ofrecer dinero para controlarlo o convencerlo, nadie puede decir delante de Dios que está a la altura o que le debe algo por portarse bien un día o mil. Todos hemos hecho algo malo o pensado algo malo o “simplemente” vivido sin tenerle en cuenta. Somos culpables ante Él y nunca podremos pagar. Son malas noticias. Pero Dios no se ha quedado ahí: mandó a su Hijo a pagar en la cruz mis deudas para que yo, aceptando ese sacrificio en mi lugar, pueda acercarme directamente a este Ser superior sin miedo, y vivir su salvación para siempre. Puede parecerte fácil, pero somos demasiado orgullosos como para reconocer que no damos la talla o para dejar que otro pague por nosotros. Seguimos pensando que podemos solos.”

La respuesta

Se hizo entonces un silencio. Mi compañero me miró fijamente a la cara y dijo algo que yo jamás podría haberme imaginado: “¡¿por qué no se lo dices a todo el mundo?!” No supe qué responder. Yo estaba alucinando. Le dije que yo no sabía cómo, pero él había entendido algo que le iba a obligar a tomar una decisión y que no iba a poder estar tranquilo hasta que lo hiciera. Al día siguiente me preguntó que si yo era adivino, que no había podido quitarse de la cabeza esa historia. Desde entonces comenzamos a hacer unos estudios bíblicos básicos. Cada cosa que veíamos era alucinante para él. Era como si hubiera encontrado la pieza que le faltaba para responder sus preguntas. “Todo encaja”, me decía. Yo alucinaba más aún que él. Un día me dijo una frase que nunca he olvidado: “¿por qué a mí?” Me hizo darme cuenta de que mi compañero del trabajo había entendido el Evangelio de una manera que yo, hijo de creyentes, nunca había experimentado. Yo iba contando el proceso en mi iglesia y pidiendo oración por él. Fue muy especial para todos, aún sin conocerle, no solo por la alegría de ver un pecador que se arrepiente, sino porque se convirtió en un ejemplo de motivación para compartir el Evangelio. Todos querían tener un “José Luis” en su vida, alguien en quien ver el poder del Evangelio a través de sus ojos. Como los niños que se asombran con todo y nos recuerdan el valor de las pequeñas cosas, así mi amigo nos ayudaba a ver las maravillas de nuestra propia fe.

La demostración

Mi padre murió poco después y tras el entierro, al que asistió mi amigo, él me dijo: “Ahora veo que todo lo que me has dicho no solo es cierto, sino que hace una diferencia real en la vida cuando llegan momentos como estos…”.

No importa demasiado tu capacidad, ni tu labia, ni tu compromiso, ni tus conocimientos, ni tu preparación: ahí fuera Dios tiene preparado a alguien que solo necesita que le indiquen hacia dónde mirar. Él hará el resto. Como dice la Biblia: “He aquí que yo soy el SEÑOR, Dios de toda la humanidad. ¿Habrá alguna cosa difícil para mí?” Jeremías 32:27

Andrés Vaquero Moreno es profesor de Artes Gráficas como trabajo, atleta por necesidad, artista gráfico por ilusión, evangélico por herencia y nacido de nuevo por misericordia.

¿Hay hueco en tu agenda para conversaciones transformadoras?

¿Hay hueco en tu agenda para conversaciones transformadoras?

Recibí un mensaje de WhatsApp desde un número desconocido. “Hola Nieves, soy Alejandra. No sé si te acordarás de mí. Acompañaba a mi abuela a vuestra iglesia en Vallecas cuando era niña”. “¡Claro que me acuerdo de ti! − le respondí. Conservamos aún algunas fotografías tuyas en los álbumes de la iglesia. Recuerdo una especialmente en la que estás deslizándote en trineo en la sierra norte de Madrid, en una de aquellas actividades infantiles de Exploradores del Rey”. Estela quería charlar, mejor dicho, necesitaba conversar conmigo porque había venido a su memoria la fe de su abuela Sonia y la iglesia en la que se congregaba. Recordaba acompañar algunos domingos a su abuela, las clases de escuela dominical, las merendolas y los juegos junto a otros niños. De eso hacía ya más de veinte años.

Le habían detectado un cáncer

Supe que era el momento de hacer hueco en la agenda para quedar con Estela. Hablamos durante horas. La dejé hablar. Dos años atrás le habían detectado un cáncer de mama que continuaba avanzando después de diferentes tratamientos y cuatro intervenciones quirúrgicas. No te lo he dicho aún, pero si conocieras a Estela no pensarías que está enferma: es una joven audaz, inteligente, dicharachera, jovial, elocuente y atractiva. Como digo, en nuestra primera conversación la dejé hablar. Vació su alma con palabras precisas, técnicas, propias de la fluidez de una periodista profesional que matiza con detalles bien dibujados su particular calvario. Por la confianza que me daba conocerla desde niña le pedí permiso para orar por ella y rogar al Señor que obrara en su vida, no solo en su salud física, sino que le diera bienestar integral. Oré y la invité a asistir a la iglesia asegurándole que allí encontraría luz en medio de su oscuridad, esperanza ante un futuro incierto. Así concluyó nuestro primer encuentro. Días después supe que los resultados de las últimas pruebas habían sido muy tranquilizadores. Asistió dos o tres domingos a la iglesia y después dejé de verla. Pensé que las cosas comenzaban a irle mejor y que eso la llevaba a olvidar la fe de su abuela. Nos enviamos algún que otro saludo esporádico por WhatsApp.

Expresó su desencanto con la medicina

Un año más tarde retomamos la relación. Seguía delicada de salud. Había tenido más tratamientos médicos y una nueva intervención quirúrgica. Ahora espera los resultados de un tumor localizado en la cadera. Le ofrecí visitarla con mi esposo al que también conocía desde niña. Nos recibió en su casa nueva, luminosa, un auténtico refugio acogedor decorado con un estilo juvenil y mobiliario bien seleccionado de Ikea. Nos sirvió un café que preparó sin mucha destreza excusándose porque ella no suele tomarlo y casi desconoce cómo funciona la cafetera. Acompañamos el café con unas deliciosas pastas artesanas de chocolate y guindas. Entramos en materia. Expresó su desencanto con la medicina con el argot del paciente de años que ha aprendido a interpretar la letra de los médicos y que pareciera haber estudiado medicina en una universidad de prestigio. Poco a poco mostró su fragilidad emocional, cómo se hunde en un desconcierto de emociones y miedos cuando los efectos de la radioterapia se intensifican, y la incontrolable inquietud que vive ante los largos días de espera para conocer el diagnóstico de las últimas pruebas, que nunca son las últimas.

Había llegado el momento

Nos cuenta cómo se han acercado a ella personas conocidas y desconocidas con distintas propuestas espirituales, y algún que otro personaje curioso que la animaba a hablar con sus seres queridos ya fallecidos mientras le revelaba cosas de su vida dejándola sorprendida y alimentando su curiosidad por el más allá. Supimos que había llegado el momento de enfocarnos en la obra de la cruz. Y si os dijeren: Preguntad a los encantadores y a los adivinos, que susurran hablando, responded: ¿No consultará el pueblo a su Dios? ¿Consultará a los muertos por los vivos? (Isaías 8:19). Le recordamos que el Dios de su abuela quería ser su Dios, y que solo en Él hay una esperanza firme, porque como dice Hebreos 6:18 “…en Él tenemos un fortísimo consuelo los que hemos acudido para asirnos de la esperanza puesta delante de nosotros”. La animamos a levantar su voz en oración al Señor reconociendo que era tiempo de reconciliarse con Él. Lo hizo. Una oración sencilla, serena, confiada. Estela está poniendo su mirada en Jesús. Escucha con atención los domingos la predicación y se sienta confortada, su fe está creciendo.

Conversaciones que transforman vidas

Déjame concluir que un mensaje en tu móvil, un vecino con el que te encuentras en la escalera con frecuencia, un familiar que viene a casa a verte, un contacto nuevo en tus redes sociales…, todas son oportunidades para iniciar una conversación evangelizadora que transforme vidas: la de alguien, y la tuya propia, porque cuando obedecemos al Señor somos los primeros beneficiados. No sé tú, pero yo vivo tan ajetreada en mil actividades buenas que me cuesta pararme en el camino y discernir los momentos trascendentes en lo cotidiano porque pareciera que no hay tiempo en mi vida para lo que no está agendado. Por eso, me he propuesto reservar espacios en mi mente y en mi corazón para escuchar la voz inesperada del Señor en el camino.

En la Biblia leemos que Pablo y su equipo, después de percibir la visión de un varón macedonio, entendieron que Dios les estaba guiando a llevar el mensaje del evangelio a ese lugar. “Y pasando junto a Misia, descendieron a Troas. Y se le mostró a Pablo una visión de noche: un varón macedonio estaba en pie, rogándole y diciendo: Pasa a Macedonia y ayúdanos. Cuando vio la visión, en seguida procuramos partir para Macedonia, dando por cierto que Dios nos llamaba para que les anunciásemos el evangelio” (Hechos 16:8-10). Ellos estuvieron atentos, sus corazones dispuestos, la mirada enfocada y el oído despierto. Quizás estás pensando lo mismo que yo: ¡Claro, si yo tuviese experiencias como la de Pablo, yo también entendería los momentos oportunos para llevar su Palabra! ¿Estás seguro?, ¿estoy segura? A mí me da la impresión de que hay muchos hombres y mujeres en España hoy que ruegan sin palabras que les guiemos hacia el ancla de la fe en Jesús, hacia el único que ofrece ríos de agua viva hoy que saltan para vida eterna. La visión nocturna puede llegar en forma de notificación a tu móvil. ¿Qué te parece si agendamos hueco para conversaciones transformadoras?

Nieves Carabaña es responsable de Relaciones con Iglesias y Proyectos domésticos de World Vision España. Junto con su esposo Ángel Luis Álvarez pastorean una iglesia en Madrid (España).

Preguntas y Respuestas sobre el Evangelismo

Preguntas y Respuestas sobre el Evangelismo

“No se me da bien evangelizar.”

🗨️ Pregunta por Gladys

El llamado a evangelizar y hacer discípulos, el Señor Jesús nos lo dio a todos los que creemos en su nombre y en su mensaje de salvación. Bajo esta premisa, y sabiendo que es el Espíritu Santo quien nos guía y nos ayuda, todo creyente está capacitado para hablar sobre Jesús y Su salvación. Es cierto que la personalidad de cada uno puede influir, pero si cada persona hace uso de las herramientas que el mismo Dios nos ha dado como son la oración, la lectura diaria de la Biblia para escuchar su voz, el testimonio personal y la comunión fraternal de la iglesia, en realidad, el evangelizar se convierte en compartir con los demás sobre lo que ya ha sucedido en nuestra vida e invitarlos a encontrar en Jesús la respuesta a todas y cada una de sus inquietudes espirituales y, lo principal, la promesa de la vida eterna junto a Él. Así como nadar sólo se aprende nadando, evangelizar sólo se aprende evangelizando. La teoría sirve pero sólo la práctica lo hace real en nuestra vida.

“¿Qué herramientas usar para quitar esas inseguridades, y hablar de la buena noticia, en el mundo de hoy?”

🗨️ Pregunta por Merce

La inseguridad parte de nosotros mismos porque creemos no ser capaces de tener la respuesta a todo, y es que no la tenemos. También porque nos da miedo el rechazo, el qué dirán o qué pensarán, pero de todo ello, la inseguridad propia es lo único que depende de nosotros. Para combatirla, necesitamos trabajarla y encontrar respaldo en nuestras fortalezas. Tenemos muchas habilidades que pueden reforzar esa inseguridad y hacer que comuniquemos el mensaje del Evangelio con más libertad.

Es normal que los prejuicios o ver que nuestra sociedad vive de espaldas a Dios, nos haga sentir inseguros, pero nuestro llamado es compartir la buena noticia de Jesús independientemente de lo que el resto del mundo piense o viva. Nuestra parte es sembrar y dejar que Dios luego obre y coseche, y nuestro mejor aliado es el Espíritu Santo que nos guía siempre cuando nos disponemos a cumplir con nuestra misión.
En cuanto a herramientas más prácticas, la principal y que puede aportar seguridad es nuestro testimonio personal. Algo que es tuyo propio, que has vivido y que conoces con total detalle, siempre será algo seguro sobre lo cual puedes basarte y que puede abrirte muchas puertas para hablar de Dios.

También, formarte y adquirir conocimientos bíblicos te aportará mucha seguridad, porque cuando conoces algo puedes hablar de ello con total certeza y libertad, sin miedo. Necesitamos meditar y profundizar en la Palabra de Dios para que nos sirva de referencia en nuestras conversaciones.

Otra herramienta son las preguntas. Puedes prepararte algunas que te ayuden a iniciar una conversación y a guiarla hacia compartir el mensaje del Evangelio. Por otro lado, memorizar pasajes bíblicos es un recurso muy útil a la hora de responder preguntas que surjan o se den en las conversaciones.

Y por último, pero no menos importante, la práctica. Practicar lo que conocemos, lanzarnos y probar, nos da la experiencia necesaria para crecer en ello. A través del ministerio EnBuscadeJesus.net, se dan múltiples oportunidades para poner en práctica la evangelización, ya que cientos de personas acuden cada día con preguntas espirituales que nosotros podemos contestar. Si te gusta la evangelización, este ministerio puede ser una gran bendición para tu vida. No olvides que tus fortalezas siempre serán mayores que tus inseguridades y que, si te dispones a compartir el evangelio, Dios se encargará de ser tu mejor herramienta.

“Mi pregunta tiene que ver con cuestiones culturales a la hora de hablar con españoles del evangelio. Muchas veces, prefiero no acercarme a desconocidos para hablarles de Jesús porque no sé si les va a dejar mal sabor que una persona que no conocen de nada intente iniciar una conversación así.”

🗨️ Pregunta por Caroline

Conocer bien el contexto y la cultura donde te mueves es muy importante a la hora de comunicar el mensaje del evangelio. El español es una persona que no quiere tener problemas ni conversaciones que sean raras. Realmente todos huimos de momentos de interrupción en la calle. Lo ideal es encontrar un punto de unión entre las dos personas y, a través de ese puente que se ha creado, entablar la conversación y presentar el mensaje del evangelio sin miedo. Busca esos lugares, momentos o actividades que creen ese espacio seguro para la otra persona y atrévete a comunicar el mensaje del evangelio. El libro “Jesús en los Bares”, escrito por David de Lago, director de Decisión, te ayudará a comprender mejor la cultura española y te enseñará cómo puedes hablar a los no creyentes acerca del amor de Dios.

“Soy tímida y siempre está el temor a ser rechazada. ¿Qué me podéis recomendar?”

🗨️ Pregunta por Gloria

Te recomiendo que seas natural y que aproveches todas las oportunidades que la vida misma te ofrezca para compartir tu fe. Si el hijo de una amiga se enferma, dile que estarás orando por él, si tu amigo está sufriendo, háblale de Jesús y de la ayuda que él ha sido en tu sufrimiento; si tu hermana se queda sin trabajo, provee para ella de la manera que Dios provee en tu día a día. También te animo a utilizar la pulsera de colores que tenemos en Decisión, ya que es una manera guiada de compartir el evangelio y te ayudará a dar el paso que tanto nos cuesta a la mayoría, de invitar a las personas a aceptar a Jesús en su vidas.

El rechazo es inevitable, pero al igual que te pueden rechazar por ser cristiana, te pueden rechazar por cuestiones más banales que esa, así que no permitas que sea una impedimento a la hora de evangelizar. Jesús mismo fue rechazado, los discípulos fueron rechazados, así que para los que creen en Dios, el rechazo es solamente una confirmación de que estás en el camino correcto. 

“Muchos mensajes que enviamos por Facebook lo hacemos teniendo en cuenta que el mensaje llega a personas sin conocer a nuestro Padre, pero lo hacemos porque la palabra llega al corazón de gente que quizá tenga una necesidad sin importar su rechazo o su burla. Mi pregunta es: ¿debemos seguir enviando mensajes a pesar de todo esto?”

🗨️ Pregunta por Juan Luis

Hola Juan Luis, al leer tu pregunta automáticamente vino a mi mente el pasaje de 2 Timoteo 4:2 “que prediques la palabra; que instes a tiempo y fuera de tiempo; redarguye, reprende, exhorta con toda paciencia y doctrina”. El apóstol Pablo da instrucciones a Timoteo indicando que solo hay dos ocasiones en las que se debe predicar, anunciar la Palabra de Dios: ¡a tiempo, y fuera de tiempo! Es decir, ¡siempre! Nunca olvides que cuando compartes algo de la palabra de Dios, estás compartiendo una palabra que es “de Dios, es viva y eficaz, y más cortante que toda espada de dos filos; y penetra hasta partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón” Heb. 4:12. La Palabra de Dios penetra hasta lo más profundo del hombre y puede quebrantarlo, iluminarlo y llevarlo a los pies de Cristo. De modo que te animo a que sigas con esa labor, sigue sembrando porque nunca sabes cuando la semilla caerá en la buena tierra y llevará fruto para la eternidad.

“Nosotros salimos a evangelizar una vez al mes, llevamos folletos con dirección y horarios de cultos y procuramos hablar con todos los que nos escuchan. Mi pregunta es: ¿cuál sería el mejor método para Evangelismo? Sugerencias de actividades.”

🗨️ Pregunta por Carmen

Lo que estáis haciendo está muy bien, pues busca “hablar” con las personas. Entregar solo publicidad sin hablar con la gente no es muy útil, pero cuando el objetivo es hablar, está muy bien. No hay un método mejor que otro. Todos los métodos que nos permitan hablar y compartir el Evangelio son válidos, por ejemplo encuestas. También actividades breves que atraen gente como baile, teatro, mimo, torneos deportivos, conciertos en colaboración con una organización local, talleres manuales, clases de inglés, etc., para luego regalarles una pulsera de colores y exponerles el mensaje de salvación.

Cada verano organizamos dos campañas evangelísticas en diferentes pueblos de España que tienen necesidad del evangelio. Llevamos 47 años probando diferentes actividades con el objetivo de que nos sirvan como plataforma para conocer a los ciudadanos y comunicar el mensaje de salvación: cine de verano, conciertos, festival para niños, caja roja, obra social y las que hemos mencionado con anterioridad. Las modas van cambiando y algunas actividades funcionan muy bien durante un tiempo y luego dejan de ser atractivas. Te aconsejamos que pienses en tu localidad, en las necesidades particulares que tiene y que te hagas la siguiente pregunta, ¿cómo puede mi iglesia beneficiar a mi localidad?

La clave está en “hablar” porque la conversión es fruto de la proclamación.

“¿Algún libro práctico de cómo evangelizar a las personas que de alguna forma son seguidores de ideas de la Nueva Era (New Age)?”

🗨️ Pregunta por Rosa

El Manual de Evangelización para el Siglo XXI escrito por David Burt te dará un visión amplia de la evangelización. Burt ha servido como misionero y obrero en España por más de 40 años, de modo que su experiencia tiene mucho valor. Sobre cómo evangelizar a los de la New Age no hay libros en español, pero si esta web aporta algunas respuestas https://www.gotquestions.org/Espanol/movimiento-nueva-era.html.

“¿Con cuál pregunta se puede abordar a una persona europea?”

🗨️ Pregunta por Sandra

Antes de abordar una persona con una pregunta creo que lo más importante es observar la necesidad. Independientemente de los factores concretos y cultura todos tenemos la necesidad de amar y ser amados. En Europa se puede sentir una pasividad y un relativismo generalizado sobre todo. Es un poco el sentimiento de: mientras lo mío esté bien y no se toque demasiado mi calidad de vida, estamos bien. Esa pasividad creo que está siendo nuestro peor enemigo ante las grandes preguntas de la vida.

Por otro lado, generalizar es un error ya que no es lo mismo la realidad de un valdepeñero que de un londinense, de un tinerfeño a alguien de Varsovia y lo más sabio es abordar de forma artesanal cada realidad. Jesús tenía un mensaje muy claro que compartir: “Arrepentíos, cambiad vuestra manera de vivir, de pensar, de actuar y volved a Dios porque el Reino de los cielos se ha acercado.” Para traer ese Reino, lo que vemos en su ministerio es que primero servía y cubría la necesidad de esa persona o el entorno para después colisionar esa realidad con el mensaje del evangelio.

Creo que ese es el patrón que debemos tener en cuenta en todo momento. Tenemos que ser sensibles al Espíritu Santo y hacerle parte integral de todo nuestro ser, a la misma vez que estamos alerta de la necesidad de esa persona o del contexto donde estamos. Creo en el poder que hay en el proceso de primeramente cubrir una necesidad para posteriormente abrir la conversación. Si no hemos generado la confianza o autoridad no hemos ganado el corazón de los demás para ser escuchados. Allí donde esas dos trayectorias se cruzan, la revelación del Espíritu Santo y la necesidad, se encuentra la pregunta con la que debemos de abordar a esa persona. Una buena pregunta para comenzar siempre es: ¿cómo estas?

Si quieres aprender más sobre cómo evangelizar de una manera eficiente, te invitamos a ser parte de la Cumbre Decisión Online 2024 y a aprender junto a conferenciantes como Marcos Vidal y Marta Durán sobre el tema “La Evangelización no ha muerto.” 

“Polarización” la palabra protagonista de 2023

“Polarización” la palabra protagonista de 2023

El lenguaje y el mundo de las palabras con sus significados van marcando y definiendo la historia de la humanidad. El lenguaje es activo y dinámico. Va evolucionando y aunque muchas palabras dejan de estar “en uso”, otras se van incorporando o tomando relevancia conforme a la realidad social, política y generacional.

En el 2023, la palabra “polarización” fue la que tomó el protagonismo y se decidió como la palabra del año según la Fundéu de la Real Academia de la Lengua. En su inicio estaba relacionado con el ámbito de la ciencia y la tecnología, pero a día de hoy en España, en Europa y nivel global, la palabra “polarización” se refiere a la división en bloques. Es orientar en dos direcciones contrapuestas y que denotan división, separación y discrepancia. Así es como nuestra sociedad está siendo afectada por esta “polarización” en el cotidiano vivir, el ámbito emocional, social y político de la gente. El mundo se está fragmentando cada vez más y todo está sucediendo frente a nosotros. La desconfianza, el miedo y la “bronca” están enfrentando a las familias, a los amigos, a los compañeros de trabajo y hasta los aficionados de tal o cual deporte.

Sabemos que el Evangelio ofenderá a algunos

Los cristianos, estamos llamados a una vida inclinada hacia la compasión y el acercamiento sincero con el mensaje de Jesús a aquellas personas y sociedades donde la obscuridad va ganando terreno. Hemos llegado a un punto en el que debemos tener cuidado con nuestras palabras para evitar herir los sentimientos de alguien o recibir críticas duras y que el amor sea, ahora más que nunca, nuestra bandera en cuanto a la comunicación y la relación personal. Sin embargo, sabemos que el Evangelio ofenderá a algunos, pero la verdad eterna que tiene vale la pena ser contada, compartida y ofrecida con miras hacia la salvación de muchos.

El Señor Jesús ya lo dijo en Juan 8:32 que conoceremos la verdad, y la verdad nos hará libres. Esa libertad espiritual que tanto necesita nuestro mundo está en nuestras manos y en nuestros corazones para ser compartida. Algunos tienen bastante talento para decir las cosas difíciles, pero necesitamos crecer para hacerlo con amor. Así el mensaje del Evangelio se va marcando en el corazón y en la mente de los que lo escuchan. Estamos llamados a ser prontos para oír y siempre listos para llorar junto a los que lloran. Así nos enseña Su Palabra. Debemos recordar lo que dice Proverbios 15:1 “La suave respuesta quita el enojo, pero la palabra áspera hace subir el furor.” Nuestras palabras deben apuntar hacia la unidad. Deben atraer y captar la atención del que escucha y evitar a toda costa que lo que sale de nuestra boca lleve a los demás hacia la polarización. Detrás de cada palabra, debe estar nuestro corazón que refleje de manera consistente al único que tiene el poder de cambiar y salvar, y ese es Cristo.

La clave para evitar la polarización

En un mundo cada vez más polarizado, es urgente la acción y la implicación del creyente en su entorno, poniendo en práctica y respaldado por la Palabra de Dios y el Espíritu Santo. La iglesia debe ser el lugar donde la confrontación y las diferencias humanas pasan a un segundo plano y el obrar del Espíritu Santo sea el que le dé identidad y propósito al pueblo de Dios. Ya lo dice la Biblia en Juan 13:35, que nos conocerán como discípulos de Jesús por el amor que nos tengamos los unos con los otros. La unidad y el amor, son la clave para evitar la polarización en medio del pueblo de Dios y también lo es en el lugar en el que se desarrolla tu día.

 

Una llamada telefónica que resultó en vida eterna

Una llamada telefónica que resultó en vida eterna

Viajábamos en coche de Valladolid a Roscales de la Peña, el pueblo donde nací, me crie y donde todavía vivía mi madre, allá por la Montaña Palentina. No lo hacíamos muy a menudo por causa de las ocupaciones, durante la semana por el trabajo y los fines de semana por las actividades de la iglesia. En épocas de vacaciones siempre procurábamos tener algunos días de encuentro de la familia; mi madre, los ocho hermanos y los hijos y sobrinos que se iban añadiendo, especialmente en las fechas en que mi única hermana, monja casi de clausura, podía venir a pasar una semana con nosotros. Había además una fecha muy especial, para hacer ese viaje, que eran los días de Carnaval, o Antruido que dicen en mi pueblo, porque en Castilla y León ese lunes y martes son días no lectivos. Así que mi esposa y yo, como profesores, y mis hijos como alumnos, teníamos esos días libres. Se daba la circunstancia de que en esas fechas, aunque variables cada año, solía haber nieve en una pradera inclinada al lado de la casa, donde mis hijos disfrutaban lanzándose con los trineos. Eso compensaba, en parte, la ausencia de sus primos con los que coincidían en otras ocasiones y no en ésta porque sus padres, mis hermanos, tenían que atender a sus trabajos. Y para mi esposa y para mí era una buena oportunidad para hablar a solas con mi madre, fuera del ajetreo que se producía en otras ocasiones cuando nos juntábamos un montón de personas. A mi madre le gustaba hablar de temas espirituales y había empezado a leer la Biblia de letra grande que mi hermano Roberto le había regalado. Estaba muy atenta a las lecturas que se hacían en la misa y a las homilías de los curas que las celebraban y cuando hablábamos por teléfono, ya de noche, me hacía muchas preguntas. Pero cuando la visitábamos estaba tan ocupada durante el día con sus gallinas, sus conejos, sus gatos, su perro y su huerto que era difícil pillarla un rato sentada para hablar. En Carnaval, al estar sola, aunque fuera mientras hacía la masa para las orejuelas típicas de la época, sacábamos el tema del Evangelio y charlábamos un rato.  Pero esta es otra historia.

Sonó el teléfono móvil de mi esposa

Decía que viajábamos de Valladolid a Roscales, en coche. Íbamos mi esposa y yo solos porque mis hijos ya se habían ido a vivir a Madrid. Ya eran mayores y se habían independizado. Poco antes de llegar a Carrión de los Condes, justo donde se empiezan a ver esa montañas azules de la Cordillera Cantábrica donde se destacan El Espigüete y el Curavacas… y la Peña Redonda, que indica por dónde cae mi pueblo, sonó el teléfono móvil de mi esposa, que era el que yo había usado durante años. Era Beni Moreno que preguntaba por mí. Me resultaba anacrónico y fuera de lugar. Una llamada desde Madrid, en plena Tierra de Campos, con las preciosas vistas de la Montaña Palentina, camino de mi pueblo. Hacía un sol espléndido, un aire frío pero sin viento, un paisaje precioso y tranquilo, y un camino de tierra que salía a la derecha de la carretera con un espacio suficiente para aparcar sin interferir en la entrada o salida de algún tractor que, eventualmente, pudiera necesitar vía libre. Así que paré y atendí la llamada paseando por el camino de tierra. Beni me pedía permiso para facilitar mi número de teléfono a un hombre que, habiendo visto un programa de Buenas Noticias TV, había llamado para pedir el Nuevo Testamento que se ofrecía desde el programa. ¿Y por qué pedía mi número, de qué me conocía ese hombre?

Desde hace varios años, me envían desde Canal de Vida algunas direcciones y teléfonos de personas de la provincia de Valladolid que han respondido al programa y han mostrado interés en continuar conociendo más del Evangelio. Parece que, dos años atrás, yo había llamado a uno de estos contactos, un hombre llamado Carlos, con quien había tenido una buena conversación sobre cosas espirituales, pero que ya se había dado por satisfecho con eso. A pesar de todo yo le había dado mi número por si, en otra ocasión, volvía a interesarle seguir hablando del tema. Es lo que suelo hacer con todos los contactos cuando la relación parece que llega a su fin. La pelota queda en su tejado. Y yo espero que Dios mueva a esa persona a seguir buscando. En este caso, Carlos había cambiado de móvil y había perdido mi contacto y Beni tenía el número de teléfono que ahora era de mi esposa. Pero eso, para el Señor, no son inconvenientes.

Carlos aceptó con entusiasmo quedar conmigo

Así que yo le pasé a Beni mi nuevo número de teléfono y ella me pasó el número de Carlos. No recuerdo quién llamó a quien, pero lo cierto es que Carlos aceptó con entusiasmo quedar conmigo a tomar un café para hablar. En los dos últimos años había estado leyendo la Biblia y considerando la necesidad de contactar con otros creyentes. Así que aceptó la invitación a visitarnos en la iglesia y se encontró a gusto. Entabló relación con otros creyentes que enseguida se acercaron a él y se comprometió a hacer estudios bíblicos para llegar a entender el mensaje del Evangelio y el compromiso que adquiriría en el caso de decidir bautizarse. Porque tenía que entender que aceptar el Evangelio como un regalo de Dios, implica también pagar un precio que consiste en un cambio de vida. Para seguir a Jesús hay que renunciar a seguir nuestro propio camino.

Finalmente se bautizó y a día de hoy sigue con nosotros. Tiene una gran carga por su esposa y sus hijas que no son creyentes. Y también por su madre, de mucha edad, a la que atiende como un buen hijo y trata de persuadir para que se acerque a Dios. Esta pasada semana ha estado con ella constantemente en el hospital por una operación de cadera a causa de una caída. La ha invitado a aceptar a Jesús como su Salvador y ella ha aceptado. Aunque la operación salió bien, la típica infección de quirófano la ha llevado a una situación crítica hasta el punto de tener que sedarla. Carlos se mueve entre la esperanza y el deseo de que se recupere. Al mismo tiempo está agradecido a Dios por poder oír de la boca de su madre que acepta a Jesús.

Esta mañana me ha llamado para decirme “mi amada madre ha partido hacia el Señor”. Los hermanos de la iglesia estamos enviándole mensajes de ánimo y nos hemos puesto a su disposición para lo que nos necesite. Estaremos acompañándolo estos días de dolor como es propio de los miembros de una misma familia, la familia de la fe. Dios le consuele.

Es Dios quien lo va a hacer

Tal vez porque no he tenido muchas experiencias de personas convertidas por medio de mi exposición del Evangelio, me aferro al texto de 1 Corintios 3:5-8 donde dice que el que cuenta es Dios que es el que hace crecer. Yo me siento impotente a la hora de convencer a la gente para que crea en el Evangelio, por eso descanso en la confianza en que es Dios quien lo va a hacer.

Pero ¡Cuidado! Me digo a mí mismo. Dios es el que hace crecer, pero Pablo plantó y Apolo regó. Dios cuenta con nosotros, nos invita y nos exhorta a participar en su plan de salvación. Yo he tenido el privilegio de participar en la conversión de Carlos aunque solo fuera echando un poco agua con la regadera. Hoy me invitó a decir unas palabras a los familiares y amigos que velaban a su madre en el tanatorio. Se quedaron extrañados, pero escucharon con respeto tanto a mí cuando les dije que nuestra esperanza estaba en el sacrificio de Jesús y en nuestra fe en Él, como a Carlos cuando les dijo que así se lo había explicado a su madre y ella lo había aceptado. Carlos tuvo el valor de aprovechar la situación a pesar del rechazo que siempre ha sufrido, por hacerse “evangélico”, entre los miembros de su familia. Yo simplemente estaba allí, acompañándolo, pero dispuesto a dar testimonio en cuanto me lo pidió. ¿Plantar, regar? Lo que sea, lo que haga falta en cada momento. Pero recordando esto: ¡Dios cuenta con nosotros!

Alberto Bores es pastor de la Iglesia Evangélica Comunidad Cristiana Camino de Vida en Valladolid. Ha participado y colaborado en muchas campañas de Decisión junto con su esposa Gloria García.
FOTO: Iglesia de El Salvador – Roscales de la Peña (Wikipedia)

¿Por qué seguimos evangelizando?

¿Por qué seguimos evangelizando?

Recuerdo que en la primavera pasada estuve con mi esposa visitando el cementerio, para ver cómo había quedado la lápida en el nicho de mi suegra fallecida unos meses atrás. Estábamos solos en este lugar hasta que llegó allí un joven procedente de Cataluña, quien había venido unos días al pueblo para ver a su familia. Había llegado al cementerio tratando de encontrar el nicho de un tío suyo. Coincidentemente el nicho estaba muy cerca del de mi suegra; en el mármol de la lápida estaba grabada la estrella de David lo que nos dio ocasión para hacer puentes en la comunicación, le compartimos que nosotros leemos la biblia, y le hablamos del mensaje del Evangelio y la esperanza en Jesucristo. Resulta que este joven vive en Castelldefels, Barcelona, junto al Seminario IBSTE, lo que fue una ocasión providencial para que pudiera contactar con los creyentes allí.

Jesús dijo: “Id y hacer discípulos a todas las naciones bautizándolas en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo” (Mateo 28:19-20) Complementado con Hechos 1:8 “Pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria y hasta lo último de la tierra”. ¡Un mandamiento que no ha perdido su vigencia hoy!  Empezando por “Jerusalén” el entorno donde vivimos, nuestro barrio, pueblo o ciudad; “Judea” los pueblos y ciudades de nuestra geografía; “Samaria” lugares donde no queremos ir por diversas circunstancias y “hasta lo último de la tierra” fuera de nuestras fronteras hasta donde tengamos oportunidad orando, yendo, apoyando a los que van u  ofrendando a su favor. Jesús nos dejó el ejemplo:” Recorría Jesús todas las ciudades y aldeas, enseñando en las sinagogas de ellos, y predicando el evangelio del reino” (Mateo 9:35).

Como ministerio de Decisión, por la misericordia del Señor llevamos extendiendo el Evangelio ya por 47 años en España con campañas evangelísticas en  pueblos y ciudades, y en otros países a través de Operación Niño de la Navidad, En Busca de Jesús (por internet), etc. cumpliendo el mandamiento de nuestro Señor. Ya son muchos años evangelizando, llevando el amor y perdón de Jesucristo a miles de personas y viendo muchas vidas alcanzadas para el reino de Dios.

Somos deudores

Nunca deberíamos plantearnos si tenemos que seguir compartiendo la fe hoy, ni tampoco si estamos obligados a continuar hasta el final. Tenemos la respuesta clarísima: Jesús  encomienda a su Iglesia la tarea de extender el Evangelio, la buena noticia de salvación hasta lo último de la Tierra, lo que nos impulsa a seguir con la tarea nosotros y todos los creyentes. Además, somos deudores. Alguien nos habló a nosotros de Jesucristo y creímos aceptando el perdón de nuestros pecados y la salvación,  consecuentemente somos deudores hoy para compartir el único mensaje que puede transformar las vidas ahora y para la eternidad, y debemos hacerlo intencionadamente y con propósito; esta es la única razón de la venida de Jesucristo y de su sacrificio en la cruz a favor de toda la humanidad y este es el llamado que tenemos todo el pueblo de Dios, su iglesia.

Dios me ha permitido realizar esta labor en el Ministerio de Evangelización de la familia bautista de Madrid, donde  he llevado la dirección por 14 años, ha sido un desafío y una bendición trabajar para extender el Evangelio en toda la Comunidad de Madrid, incluyendo Castilla la Mancha y Castilla León con un total de 25 iglesia,  proveyendo herramientas y todo lo necesario para dar un testimonio efectivo del mensaje de salvación en Jesucristo. Hemos visto el crecimiento con nuevos lugares de testimonio abiertos y nuevos hermanos y hermanas que han aceptado a Jesús y están involucrados en la gran comisión.

También en el Centro de Estudios Teológicos de Madrid (CET), el plan y objetivo ha sido concienciar a los estudiantes en que la evangelización forme parte en sus vidas, para que ellos a su vez transmitan esta visión a sus iglesias locales, poniéndolo en práctica como algo no esporádico sino permanente, como profesor esa ha sido mi meta.  Cuesta trabajo concienciar de este llamado aunque me ha sorprendido con gozo escuchar a algunos estudiantes como a nivel personal y de iglesia estaban involucrados en la evangelización, compartiendo experiencias de vidas salvadas por su testimonio con familias, vecinos, compañeros de trabajo y de estudios, la verdad es que había alegría en ellos por cumplir el mandamiento del Señor.  Pero a la vez entiendo que con el tiempo las iglesias y los creyentes aflojamos en nuestro compromiso de ser “testigos” centrándonos en nosotros mismos y en nuestra labor local (esto nos puede suceder a todos) y dejamos a un lado ésta responsabilidad, por lo que debemos evaluar de nuevo donde estamos, como diría el profeta Jeremía 6:16:  “Paraos en los caminos, y mirad, y preguntar por las sendas antiguas, cuál sea el buen camino, y andad por él, y hallareis descanso para vuestra alma,” pedir ayuda al Señor y renovar la visión para seguir cumpliendo la gran comisión.

Una tarea gloriosa

Todo lo que hacemos sea a nivel personal o como ministerio para compartir las nuevas de salvación lleva su fruto, Dios lo usa por su Espíritu Santo quien es el verdadero evangelista. “Y cuando él venga, convencerá al mundo de pecado, de justicia y de juicio” (Juan 16:8) y los creyentes debemos ser sus colaboradores: “Porque nosotros somos colaboradores de Dios” (1ª Corintios 3:9) en esta gloriosa tarea.

No nos conformamos con lo hecho hasta aquí, queremos vivir y compartir nuestra razón de ser. Sabemos que cuando compartimos el Evangelio está en juego la vida y la eternidad de las personas: salvación eterna si se arrepienten de sus pecados y aceptan a Jesucristo como Salvador y Señor, pero condenación eterna si rechazan a Jesucristo. Es nuestro gran desafío.

¿Qué responderemos al Señor en la práctica? ¡Dios nos ayude a vivir cómo Él quiere que vivamos!

¿Y tú, qué excusas tienes?

¿Y tú, qué excusas tienes?

Durante más de quince años formé parte de una banda de música rock, Ancla-2, que se inició con la firme convicción de que la Palabra de Dios debía ser predicada en todo lugar. El más mayor de la banda tenía 16 años y el bajista, mi hermano Rubén, tan solo 10. A los pocos años de comenzar ya estábamos tocando en salas de conciertos, pubs y discotecas de varias provincias de España.

En verano del año 2006, como parte del programa de una campaña evangelística de Decisión en la población de Manlleu (Barcelona), mi grupo Ancla-2 actuaba en un parque público. El Ayuntamiento había proporcionado el escenario y habíamos estado toda la tarde montando el equipo de luces y sonido. Al llegar la noche comenzó el concierto. Decenas de personas se acercaron con curiosidad, y desde el escenario podíamos contemplar de manera privilegiada la curiosa escena: círculos de jóvenes haciendo botellón se entremezclaban con otros jóvenes con la camiseta de voluntarios de Decisión. El ambiente era festivo y no dudamos en cantar a pleno pulmón letras que hablaban de todo un poco pero del amor de Dios sobre todo.

Solo chapurreaba algo de español

En medio del frenesí del concierto Giles, un misionero americano recién llegado a España que solo chapurreaba algunas frases en español, se atrevió a acercarse a hablar con un grupo de jóvenes que estaban escuchando el concierto mientras bebían. Al día siguiente Giles, aún temblando de la emoción, nos compartía que durante casi una hora había podido mantener una conversación sobre Dios con aquellos chavales españoles. Al terminar aquella conversación Giles no podía explicarse de dónde había salido todo ese vocabulario y esa forma exquisita de construir frases gramaticalmente correctas. ¿Cómo un hombre de Chicago que llevaba tan solo unos meses en España había sido capaz de hablar del Evangelio con un grupo de jóvenes españoles durante casi una hora en medio de un concierto de rock?

Grupo Anclados en la campaña de Decisión en Manlleu

Entonces dijo Moisés a Jehová: ¡Ay, Señor! nunca he sido hombre de fácil palabra, ni antes, ni desde que tú hablas a tu siervo; porque soy tardo en el habla y torpe de lengua.  Y Jehová le respondió: ¿Quién dio la boca al hombre? ¿o quién hizo al mudo y al sordo, al que ve y al ciego? ¿No soy yo Jehová?  Ahora pues, ve, y yo estaré con tu boca, y te enseñaré lo que hayas de hablar. (Éxodo 4:10-12)

Nosotros teníamos todas las excusas del mundo: somos jóvenes, no somos un grupo de música conocido…

Giles también las tenía: no sé el idioma, no conozco la cultura, soy demasiado mayor…

Sin embargo, Dios usó a cuatro adolescentes con guitarras y a un misionero americano recién llegado para sembrar la semilla del Evangelio en Manlleu, una población sin iglesia evangélica hasta aquel momento.

¿Y tú, qué excusas tienes?

Ven y ve

Ven y ve

Nací en una familia cristiana que conoció el evangelio en la época de la dictadura en España. Muchas personas lo escucharon en reuniones clandestinas, pero el interés se fue perdiendo. Algunos se apartaron por miedo, otros huyeron a Francia y otros simplemente no encontraron lo que buscaban.

Así que, años después, yo crecí en una iglesia compuesta únicamente por la familia de mis padres y la de mis tíos, en la pequeña ciudad de Béjar, al sur de Castilla y León. De tarde en tarde íbamos a la iglesia de Salamanca, que está a una hora de coche, a algún acontecimiento especial. Era como ir de viaje al otro lado del mundo; solo ocurría una vez cada ciertos años (hoy voy todos los días a trabajar allí). Esa iglesia era el único contacto que teníamos con otros cristianos evangélicos, y una vez al mes venía alguno de sus responsables a visitarnos.

Cuando la adolescencia llamó a mi puerta, empezaron a surgir en mi mente pensamientos acerca de cómo podría encontrar algún día una pareja con la que compartir una familia. Me topé de frente con la gran dificultad de conocer alguna chica dentro de la fe que mis padres me habían inculcado, pues aunque yo no había hecho de esa fe algo personal, sí que entendía la importancia trascendental de esas creencias y el gran error que supondría dejarlas de lado a la hora de tomar una decisión tan importante como con quién pasar el resto de mi vida.

Y así llegué a mi juventud. La iglesia para mí era una obligación de los domingos y no dudaba en evitar la reunión rutinaria de los jueves con cualquier excusa. Yo cumplía unos ritos religiosos aprendidos sin implicar demasiado mi corazón en ellos.

La campaña de Decisión en Béjar

En esa época, por una serie de circunstancias, los responsables de Decisión eligieron nuestra ciudad para venir a hacer la campaña de verano de 1987. El eslogan de la campaña era: “Ven y ve”.

Muchos bejaranos vinieron a los actos de la campaña y por la misericordia de Dios vieron algo que les atrajo poderosamente. Fue toda una revolución. Decenas de personas empezaron a venir a un nuevo local que se tuvo que alquilar poco tiempo antes. Entre ellas, muchos jóvenes llenos de alegría e interés. Las reuniones se multiplicaron; todos los días había alguna a la que los asistentes estaban deseando ir y que no querían que acabara.

Yo me encontraba fuera de lugar, era un extraño en mi propia casa. Podía ver cómo mi familia se contagiaba de ese ambiente y yo me daba cada vez más cuenta de que me estaba quedando fuera. No entendía que el mensaje que llevaba toda la vida en mi cabeza pudiera producir ese interés, esa alegría, esa vida. Pero con el tiempo Dios utilizó todos aquellos cambios para llevarme a aceptar a Cristo como mi salvador personal, y no solo como un conocimiento aprendido.

Además, entre todas las personas que comenzaron a estudiar la Biblia y a reunirse en torno al evangelio, Dios llevó a la iglesia a una muy especial para mí: Montse, la que hoy es mi mujer, con la que comparto mi vida y dos hijas.

Desde entonces procuramos ir a colaborar a las campañas de Decisión como agradecimiento a lo que hicieron el verano de 1987, pero también convencidos de que el trabajo de llevar el evangelio a otras personas, cambia vidas de forma real y palpable.

Un milagro imposible de imaginar

Para mí, fue un milagro imposible de imaginar a nivel humano y el caldo de cultivo adecuado para ver mi auténtica necesidad y poco a poco acabar entregando mi vida a Cristo.

Para mi mujer, fue un descubrimiento eterno que cambió su vida radicalmente, que la llevó de la muerte a la vida. Una vida con propósito, aceptación y esperanza.

Para mi iglesia, fue un antes y un después.

Hoy en día tenemos en la iglesia fotografías de nuestra historia. En esas imágenes hay personas que Dios nos envió para traernos vida, enseñarnos, animarnos y cuidarnos (desde los años de la dictadura, hasta hoy), a las que estamos muy agradecidos. Y en algunas, ocasiones cuando compartimos tiempo juntos, alguien recuerda con un brillo especial en los ojos cómo fue aquel encuentro con el evangelio en un momento tan crucial para su vida en el que una persona con una sonrisa les dijo “Ven y ve” (Juan 1:46).

En la cárcel, de rodillas, todo cambió

En la cárcel, de rodillas, todo cambió

José Peláez se enteró de mi deseo de entrar en la cárcel para ayudar a los presos. Para entrar como capellán necesitaba una invitación desde dentro de la cárcel, y realmente no sé cómo José Peláez se enteró de que yo existía, pero me invitó. Al final, conseguí mi permiso. La cárcel tenía ocho módulos y yo tenía que visitar módulo tras módulo. Gracias a Dios, pronto se añadieron algunas mujeres conmigo para visitar también el módulo de mujeres.

Al entrar en el módulo de José Peláez con mi traje y corbata en aquel entonces, le vi en la “biblioteca” de la cárcel, donde curiosamente no había ningún libro ni periódico. Esto pasó en el mes de febrero, y hacía mucho frío. No obstante, se reunió un buen grupo de personas conmigo y José Peláez, quizás unos 40 a 50 reclusos. Yo les prediqué y al final hice una preguntaba a José: ¿Crees en Jesucristo? ¿Quieres entregarte a Jesucristo? El respondió que “sí”.

En aquel tiempo yo no conocía la vida en la cárcel, pero le dije a José; “De acuerdo vamos a arrodillarnos tu y yo aquí y orar a Jesucristo”. Nos arrodillamos y oramos y José entró en la vida con Jesucristo. Después José me contó como él “sudaba” en el frío, porque se arrodillaba delante de muchos reclusos en la cárcel. Lo peor en la cárcel es ser llamado “gallina” o mostrarse débil. Esto le afectó profundamente, pero se entregó de corazón. Jesucristo le transformó y José le siguió hasta el día de su muerte, unos 20 años después. 

Cómo José entendió el evangelio de Jesucristo

José entendió el evangelio a través de la Biblia y la literatura que le llevé. Me dijo que entendió lo que Jesucristo había hecho por medio de una historia del Oeste Salvaje de Estados Unidos. La historia trata sobre dos hermanos gemelos que eran idénticos por fuera, pero muy diferentes por dentro, vivían en un pueblo del Oeste de Estados Unidos. Un gemelo era cristiano e iba a la iglesia y vivía una vida piadosa. El otro era un bebedor, jugador e inmoral. El segundo, estaba un día en el bar, se enfadó con un hombre en la barra, y le apuñaló con un cuchillo, y el hombre murió. Había muchos testigos en el bar, y el hombre salió corriendo, y se fue a las afueras del pueblo, donde vivía su hermano gemelo. Su hermano estaba vistiéndose para ir al culto, cuando entró con fuerza su hermano y en pocas palabras  le contó lo que le pasó. Su hermano le dijo, toma mi camisa y dame la tuya ensangrentada. Justo tuvieron tiempo de cambiarse, cuando alguien entró detrás para agarrarle. Dijeron, es el que lleva la camisa ensangrentada, ¡apresadle! Le llevaron a la cárcel y el hermano culpable se fue a la montaña.

En el Oeste Salvaje normalmente, en los pueblos pequeños, tenían un alcalde que hacía el papel de juez. Al otro día se hizo un juicio rápido. Hubo muchos testigos que reconocieron al culpable, de modo que rápidamente le juzgaron, le ahorcaron y   enterraron. Al final, el hermano se enteró del asunto, y al entrar en el pueblo, dijo al “juez” que se habían equivocado. Pero el juez le dijo que este asunto ya estaba arreglado y pagado. Entonces, el hermano dijo: “Hermano, al igual que tu cogiste mi camisa, yo llevaré tu camisa”. En este momento tuvo una conversión verdadera, y comenzó a vivir la vida de su hermano en la iglesia hasta su muerte.

José Peláez me dijo, que con esta historia entendió que Jesucristo tomó su camisa, y le dio a él su vestido de justicia. José Peláez estaba declarado justo y limpio, por el poder de Jesucristo; porque Jesucristo se llevó todos sus pecados. Esto fue la base de su salvación y conversión.  

Cuando José salió de la cárcel se fue a un centro de rehabilitación. Después, vino a nuestra iglesia y se casó con una mujer de la congregación. Tanto él, como yo tuvimos hijas al mismo tiempo. Después se trasladó con su esposa a Córdoba, donde unos 15 años después de ir allí murió en el hospital. 

Debemos evangelizar porque da fruto

Tanto José como yo evangelizamos y predicamos el evangelio de Jesucristo. José compartió el Evangelio con su hermano Luis, que también se acercó a la iglesia. Tú y yo debemos sembrar estas “buenas noticias” en los corazones de nuestros familiares y amigos. Lo hacemos con fe en Jesucristo, porque es una buena semilla que da vida eterna.

Jesucristo nos mandó: Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura. (Marcos 16:15). Esta historia es un ejemplo de lo que Dios hace. Yo obedecí y él lo respaldó y salvó a José de una forma milagrosa. Yo no tenía poder para cambiar a José, pero sí podía obedecer a Dios, salir y predicar. El resto lo hizo Jesucristo. ¡Bendito sea su Nombre! No hay otro nombre en la tierra que puede salvar al hombre de sus pecados (Hch.4:12).

Por Johan Carlsén, actualmente trabajando en Bigastro (Alicante)
Cuando Johan estudiaba en un seminario evangélico en Suecia, Dios le dijo audiblemente “Vete a España”; un país que no conocía. Fue con su esposa a España en 1976 para aprender el idioma en Costa del Sol. Eran muy jóvenes. El 1 de enero 1979 llegaron a Castellón de la Plana. Junto con cinco hermanos en el lugar comenzamos a levantar una iglesia. Evangelizó utilizando muchos métodos: radio, folletos, muchos folletos, teniendo un puesto en el mercadillo, haciendo campañas de evangelización, y también comenzando a ir a la cárcel. Hoy, después de más de 40 años de ministerio, Johan ha fundado varias iglesias y sigue trabajando en la plantación de nuevas. 

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