W 2021 desde la niebla - Decisión

Joe 2:25-26  Y os restituiré los años que comió la oruga, el saltón, el revoltón y la langosta, mi gran ejército que envié contra vosotros.  Comeréis hasta saciaros, y alabaréis el nombre de Jehová vuestro Dios, el cual hizo maravillas con vosotros; y nunca jamás será mi pueblo avergonzado.

Tengo muchas ganas de que acabe 2020. Ha sido un año horrible, puede que el peor de nuestras vidas. La pandemia se ha llevado miles de vidas, pero sobre todo se ha llevado la tranquilidad con la que vivíamos dando por sentado muchas cosas. A nadie le importaba estar a tu lado riendo a carcajadas, cantando o jaleando a tu equipo sin mascarilla. No había sospecha de contagio, ni miedo a la transmisión. Nos movíamos libremente con los amigos, ya fueran dos o doscientos, asumiendo que la vida seguiría su curso como siempre, disfrutando de los abrazos y los besos. Ahora echamos de menos a los que nos dejaron, amigos y familiares que murieron en la más triste soledad.  Vemos sus fotos y sentimos que algo injusto ha pasado, algo oscuro y tenebroso que nos pilló desprevenidos. La muerte siempre es traicionera.  Las secuelas de la pandemia han sido terribles y lo peor es que nos acompañarán por mucho tiempo. Por todo ello y mucho más, tengo muchas ganas de que acabe 2020.

Ahora bien, si soy sincero, tengo que reconocer que una vez más, en medio de la oscuridad y del caos, Dios habló y nació la belleza, como nos dicen las primeras palabras de la Biblia.  En los momentos más duros de la pandemia conecté con mis vecinos y nació una amistad donde antes sólo había indiferencia.  Ese encuentro de las 8 de la tarde para cantar y aplaudir a los sanitarios y funcionarios que se jugaban la vida cada día, me hacía sentir parte de una comunidad agradecida a Dios, recordando las palabras de Santiago “toda lo bueno y perfecto desciende de lo alto, del Padre de las luces” (Santiago 1:17). Seguro que muchos aplaudieron sin pensar en Dios, pero simplemente por eso, porque no pensaron sobre el autor de la generosidad, el amor, la amistad, la valentía y el sacrificio.

Ya sólo quedan unos días para que acabe 2020. Qué bueno que la Navidad siempre está ahí, la última semana del año. Así, sea lo que sea que haya sucedido a lo largo del año podemos levantar nuestros ojos de mirar hacia abajo, a la oscuridad, la tristeza, el temor, la incertidumbre para enfocarlos en la luz, la esperanza y la salvación que el Mesías trajo a la tierra. Estas Navidades han sido diferentes para todos. Como un viento de alivio que refrescó todas las casas. Después de tanto distanciamiento, tanto confinamiento, tanta sospecha, tantas malas noticias, necesitábamos bridar por la vida, la alegría, y la esperanza. El canto de los ángeles sonó más fuerte que nunca “¡Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra paz, buena voluntad para con los hombres!” (Lucas 2:14). Si, hay que brindar y expresar con sonrisas, miradas cómplices y elogios la llegada del Mesías, el libertador que lleva tatuado en su muslo “Rey de reyes, Señor de señores” (Apocalipsis 19:16). Hay que hacerlo con intención, con alegría, para dejar fluir la esperanza de que ya está con nosotros nuestra fortaleza y seguirá con nosotros cada día de 2021. Nuestro gran Dios, Jesús de Nazaret, ha vencido la muerte y alumbrará nuestro camino siempre, por muy densa que sea la niebla, hay razones para brindar, de modo que te invito a brindar conmigo ¡Por un 2021 de avivamiento!

Photo by Ricardo Gomez Angel on Unsplash

Share This
Abrir chat
¿En que podemos ayudarte?
Hola, ¿cómo podemos ayudarte?