Cuando vemos tanto sufrimiento en el mundo, podemos preguntarnos ¿dónde está Dios? ¿por qué lo permite?

Para muchas de las preguntas que se hacen sobre el sufrimiento no hay respuestas fáciles y sencillas, pero lo que sí sabemos es que Dios no es el causante del sufrimiento ni le alegra que suframos.

Mucho del sufrimiento está provocado por el propio ser humano: las guerras, el deterioro de la naturaleza, la manipulación de los medios de comunicación que fomentan la violencia en los niños y mayores, etc. Jesús dice: “Porque del corazón salen los malos pensamientos, los homicidios, los adulterios, las fornicaciones, los hurtos, los falsos testimonios, las blasfemias” (S. Mateo 15:19).

La solución, hasta donde puede ser, empieza por cada uno personalmente; Jesús nos invita a poner nuestras cargas en el: “Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados y yo os haré descansar” (S. Mateo 11:28). Creemos que esta invitación de Jesús incluye cualquier situación de nuestra vida, entre ellas, el sufrimiento, en la confianza de que él nos ayudará y estará con nosotros.

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