La Palabra de Dios dice: “Consolaos, consolaos, pueblo mío dice vuestro Dios” (Isaías 40:1).

La Biblia nos presenta a un Dios que nos ama, se interesa por nosotros y nos invita a acercarnos a Él: ” A todos los sedientos: venid a las aguas; y los que no tienen dinero, venid, comprad y comed.  Venid, comprad sin dinero y sin precio vino y leche.” (Isaías 55:1).

Dios quiere acercarse a nosotros para darnos vida, propósito y consuelo.  En la circunstancia por la que pasemos nos invita a venir a Él y recibir el descanso y consuelo que necesitamos: “Yo he venido para que tengan vida y vida en abundancia” (S. Juan 10:10).

La consolación que Dios nos puede dar aquí en este mundo es solo una muestra de lo que será eternamente en el cielo, donde: “Enjugará Dios toda lágrima de los ojos de ellos; y ya no habrá muerte, ni habrá más llanto, ni clamor, ni dolor; porque las primeras cosas pasaron” (Apocalipsis 21:4).

Es el consuelo verdadero para los que hemos aceptado a Jesucristo como nuestro Salvador y Señor.

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